La Sierra de San Cristóbal es una verdadera esponja. Sus suelos de calcarenitas tienen una elevada permeabilidad que ha originado que sus entrañas sean un acuífero natural que ha abastecido a El Puerto durante siglos. Y muestra de ello son las tres infraestructuras hidráulicas que se construyeron tiempo atrás para aprovechar estas aguas subterráneas. Los Minados del Puerto es la más antigua, que fue terminada de construir en 1735. Le sigue en datación las Galerías de Cádiz, que se ejecutó en el último tercio del siglo XIX. Pero todas son conocidas popularmente por la más reciente en hacerse, los llamados Pozos de la Piedad, que se realizaron entre 1936 y 1956.
Los Minados del
Puerto, o la 'Obra de la Fuente' como también se le conoce, terminó de
construirse en 1735 y permitió que El Puerto fuera uno de los municipios de
España con una de las redes de abastecimiento más completas. La Sierra dejó de
dar agua a la ciudad a mediados de la década de los 50 del siglo pasado cuando
se conformó el Consorcio de la Zona Gaditana y el abastecimiento comenzó a
llegar del Pantano de los Hurones.
La galería se alarga
en dirección este durante algo más de un centenar de metros haciendo algún que
otro giro a izquierda y derecha. Hay tramos donde la altura no supera el metro
y medio y en las paredes quedó plasmada la huella del nivel que alcanzaba el
agua cuando estas galerías eran fuente de vida para la ciudad.
El paseo finaliza en
el llamado 'Pozo de la media naranja', una estancia cuadrangular con una bóveda
de cúpula semiesférica. En el centro del suelo, claro está, hay un pozo cavado
en forma circular cuyas paredes están realizadas en piedra tallada. Sorprende
que en una obra de esta envergadura no solo se buscara la finalidad práctica
sino también la estética. En los muros de este punto de la infraestructura pueden
leerse diversos grafitis históricos en carboncillo, algunos de finales del
siglo XVIII, realizados por trabajadores o visitantes ilustres con improntas
que dejan para la historia mensajes similares al 'Yo estuve aquí...' y que son
huellas visibles de la historia que guarda la Sierra.
FUENTE DE GALERAS

Según se desprende de la inscripción que posee la Fuente de Galeras en su frente principal, fue construida por el maestro mayor don Bartolomé de Mendiola durante los primeros meses del año 1735, bajo el mandato de don Tomás Idiaquez, nombrado jefe supremo de la Bética por el monarca Felipe V. Con motivo de una de las estancias de sus majestades el rey Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio en El Puerto de Santa María durante 1735, recordar que dicha ciudad era frecuentemente visitada por los monarcas españoles durante la época estival, tomó la decisión de adornar la ciudad con aguas surgidas de diversas partes, como recoge la inscripción anteriormente citada, con la finalidad de proveer a la flota y expediciones que se dirigían hacia las Indias y, a su vez, pudiesen ser admiradas por cuantos viajeros la contemplasen.


A pesar de su magnífica construcción arquitectónica y decorativa, el agua corría sin interrupción durante todo el día, provocando el que las calles se convirtiesen en un fangal produciendo malestar entre los vecinos y un grave perjuicio para la economía de la ciudad. Esta situación se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, período en el que se comenzó a regular el agua de las fuentes existentes mediante grifos, y a crear toda una red de cañerías que pasarían por las cuatro fuentes principales que poseía la localidad: la de Galeras, la de la Cárcel, la de Santo Domingo y la de la Caridad.
Será también por aquel entonces cuando se construya la fuente de la Cárcel y se remodele la mencionada de Galeras. Precisamente durante el año 1842, el maestro mayor Diego Jilgueras le colocó a la citada fuente los seis grifos, el solado y el alicatado con losas de Tarifa y los dos escalones corridos también con la misma piedra.
Lo más significativo de dicha fuente es el remate en piedra a modo de cornisa donde se enmarca una especie de dosel pétreo cuyo motivo central, el escudo real, está flanqueado por dos leones rampantes envueltos por una decoración formada a base de roleos. Rematan dicha fuente cuatro jarrones esquineros y la corona real.





